viernes, 30 de diciembre de 2011

LAS ELECCIONES MUNICIPALES DE 1911

El Correo de Zamora asqueado por la forma incalificable del otro periódico local anuncia que no contestará mas a sus demasías. Haciendo constar en que ni nada, ni nadie será capaz de hacerlos callar cuando estimen conveniente censurar a alguien, sea este quien sea, ni tampoco hablar si sinceramente piensan que no hay motivo para ello.

El Heraldo por su parte, reitera que si El Correo cumple su palabra, El Heraldo no se preocupará de sus cosas, ahora bien, si ejerciendo el derecho de crítica al que alude, vuelve a molestarles, volverán a defenderse, salvo en el caso de que las críticas provengan de don Constancio Arias, en cuyo caso, afirman saber a quien dirigir las protestas, dando a entender, en el contexto de ambos artículos, que alguien ha intercedido para disminuir la crispación.

En medio de esta batalla que mantienen desde el mes de agosto de 1911, se van a celebrar las elecciones municipales, convocadas para el día 12 de noviembre.

Heraldo de Zamora, 27/10/1911
El Heraldo en varias ocasiones anuncia que no tomará parte en la campaña electoral, lo que a todas luces parece absurdo, dado que es conocida su simpatía por los postulados liberales, su propietario es un miembro destacado del partido liberal y el periódico, no hay que olvidarlo, en sus orígenes fue el órgano oficial del partido liberal en la provincia.

Por eso, no es de extrañar, que a la vez que anuncia su no participación, a lo largo del periódico vaya publicando sus conocidos “sueltos” en los que ya critica la candidatura para reelección de Laureano Alonso, carlista, y propietario de una tienda de ultramarinos. El 28 de octubre informa que Laureano Alonso que se disponía a presentar su candidatura por el distrito Teatro-Descalzos en vista de los aires que corren por la calle Sancho IV, ha renunciado a la mano de doña Leonor. Curiosa expresión cuya significado es renunciar a algo que se nos niega, demostrando desinterés y generosidad y cuyo origen es la comedia Todo lo vence el amor o La pata de cabra, de Juan de Grimaldi. En ella el protagonista, después de recibir una paliza para que deje en paz a Doña Leonor, renuncia a ella generosamente en favor de su adversario.

Heraldo de Zamora, 31/10/1911
El 31 de octubre, en un artículo titulado De Elecciones, rompe su inexistente silencio, para realizar una reflexión sobre la proclamación de candidatos en clara alusión a Laureano Alonso, quien parece que finalmente si presentará su candidatura:

Desde luego, deben ser rechazados como perjudiciales al interés del común de vecinos, todos aquellos candidatos que con el carácter de industriales en artículos de primera necesidad, no van al Concejo mas que a defender sus beneficios particularísimos, y sobre todo, si estos falsos defensores del pueblo van encubiertos con la máscara hipócrita de un determinado partido político, pues ni a este, ni al otro, van a defenderlo; persiguen como único fin el lucro y el logro personal”

El principal reto al que tendrá que enfrentarse la nueva corporación será la sustitución del impuesto de consumos, recientemente suprimido, y baluarte principal de la financiación de las arcas municipales, en aquellos momentos como los de ahora, cercanas a la bancarrota.

Heraldo de Zamora, 28/10/1911
Para la elección de candidatos del partido liberal en la capital, se traslada desde Madrid, el diputado en las Cortes, Ángel Galarza Vidal. Una vez conocidas las candidaturas, El Heraldo muestra abiertamente su desaprobación.
Critica el modo, nada democrático ni liberal, de reunirse unas veinte personas, mas o menos de prestigio, y que eligen a personas previamente señaladas por alguien.
Y critica el fondo, es decir, la idoneidad de los candidatos para afrontar los grandes problemas del ayuntamiento, lo que ha llevado a que conocidos liberales se presenten a las elecciones mediante candidaturas independientes, como Salvador Rodríguez Ramos.
Detrás del artículo, lógicamente está el propietario Enrique Calamita, quien reconoce que este acto de mostrar públicamente el rechazo a las candidaturas liberales puede interpretarse como indisciplinado, pero la historia del periódico no está hecha de adulaciones ni de halagos vanidosos.

Heraldo de Zamora, 28/10/1911
Las elecciones municipales del día 12 de noviembre, supone un nuevo triunfo del partido liberal, pero los candidatos independientes obtienen sin apoyo oficial ni político, su representación en el Ayuntamiento, con las candidaturas de Salvador Rodríguez y Claudio Funcia.

Heraldo de Zamora, 13/11/1911
Mientras Laureano Alonso, que ha sufrido la campaña en su contra que ha liderado El Heraldo de Zamora, no obtiene los suficientes votos para ser elegido, lo que lleva al Heraldo a proclamar que en Zamora no hay carlistas, puesto que ni siquiera la mayoría de los candidatos que se presentaban por este partido, lo eran.

Los liberales obtuvieron ocho concejales, los independientes dos, el partido obrero uno y otro el partido carlista.

El 30 de diciembre sería designado alcalde por el gobierno, el liberal Alfredo Cabello Fernández.

jueves, 29 de diciembre de 2011

CONTESTANDO A ESE III

Día, tras día, El Heraldo de Zamora y El Correo de Zamora prosiguen en su larga polémica.

En la última contrarréplica, El Correo afirma que El Heraldo se dedica a injuriar a personas ajenas al conflicto, en referencia a las personalidades carlistas aludidas en el artículo “Contestando a ese II” del día anterior.

Heraldo de Zamora, 21/10/1911
En este sentido, El Correo manifiesta que dicha conducta sería similar a que ellos criticaran a Federico Requejo, notable político liberal, nacido en Zamora el 19 de mayo de 1845 y fallecido el 3 de junio de 1915 y que ocupó numerosos cargos a lo largo de su carrera política: concejal del Ayuntamiento de Zamora, Alcalde, Director de Propiedades, subsecretario de instrucción pública, de hacienda, de gobernación, director de Obras Públicas, Gobernador civil de Madrid, Ministro del Tribunal de Cuentas, Presidente de este mismo Tribunal y senador por derecho propio.

Heraldo de Zamora, 19/10/1911
Fue impulsor del nacimiento del Heraldo de Zamora, como jefe del partido liberal en la provincia.

Por otro lado, El Correo insiste en censurar la labor como funcionario de Enrique Calamita, propietario del Heraldo, instándole a que solicite su jubilación o excedencia, ya que no cumple con su deber.


CONTESTANDO A ESE
III


El Correo de Zamora que no sabe como justificar su actitud grosera y constantemente provocadora, contra nosotros, afirma ayer que injuriamos a personas que no tienen nada que ver en el asunto; es -dice -igual que, si nosotros con el mismo motivo nos metiéramos con don Federico Requejo.

La salida es como de El Correo; de pie de banco. Y a nosotros no nos sorprende; porque acostumbrados nos tiene a ver en sus columnas insultos a personas que jamás le dieron motivo Pero ya que alude a don Federico Requejo, recalcando que es amigo nuestro, hemos de manifestarle que, ya se cuidará muy mucho Constancio de no decir ni pío de este señor, en tono de molestia para el mismo. Por muchas razones, entre otras por éstas:

Primera: Porque no merece de los zamoranos, hasta el presente, más que gratitud.
Segunda: Porque aquí estamos nosotros para contestar a tus insolencias aplicando la ley de Talión; y que conste que nos hacen falta lo menos seis carlistas de la talla del sector Chaves, para compensar los ataques de ese papel a don Federico.
Tercera: Porque el partido carlista, y otras personas van muy a gusto en el macho y no te lo tolerarán.
Cuarta y última: Porque las piedras se levantarían contra ti, y es seguro que hasta la pértiga de algún empleado de la S.I. C. haría blanco en tus narices.
De suerte, que prudencia Constancio

***

Heraldo de Zamora, 21/10/1911
En lo que si estamos conformes contigo es, en eso de las jubilaciones y excedencias. Dices muy bien que el Estado necesita funcionarios que sepan, quieran y puedan cumplir con su deber. El caso a que aludes, el interesado lo ha estimado de conciencia, y dispuesto a complacerte y siguiendo tu ejemplo, lo ha sometido a consulta.

Parece que la resolución es contraria a tus deseos, y los considerandos son justificadísimos a nuestro juicio:

1º. Ni la edad, ni las circunstancias de capacidad que concurren en este delineante, justificarían una determinación suya en tal sentido; resultando, únicamente, un acto de quijotismo que la más rudimentaria idea de sentido común aconseja rechazar. Además, no se debe nunca complacer a los enemigos.

2º. Por otra parte, en la consulta se tiene en cuenta también el país en que vinimos, y lo mucho que abundan en todos los órdenes, y en las categorías de funcionarios del Estado, especialmente de 5.000 pesetas para arriba, en que se se halla éste, los que, por su edad, achaques y circunstancias especiales, resultan verdaderos parásitos del Erario; inútiles para todo servicio: observándose, frecuentemente, que en muchos casos, es preferible para el interés público, el más absoluto reposo de aquellos y que se coman tranquilamente el sueldo, por pingüe que sea, sin hacer nada; a que pongan mano en los negocios públicos, pues su gestión suele resultar más dañina que la peste, no sólo perjudicial a los mismos negocios, sino también lesiva para terceras personas, que con su concurso cooperan a la labor social.
El Delineante de Obras públicas no se halla en este caso.

El Correo de Zamora puede seguir tirándonos de la lengua, que acaso con ello el público gane; pues estamos dispuestos a dar a conocer a éste, una serie de tipos perjudiciales y perversos existentes en la fauna social.

Para terminar; tus buenos deseos respecto a la salud del propietario de este periódico, todos los agradecemos en esta casa, y por ello te damos las gracias.

El interesado, hoy, recrudecidas sus dolencias por los disgustos que le propinas y el tiempo lluvioso, se vio obligado a quedarse en casa. Te lo advertimos por si quieres llevar el alta y la baja.


Heraldo de Zamora, 21/10/1911

miércoles, 28 de diciembre de 2011

CONTESTANDO A ESE II

El enfrentamiento entre ambas cabeceras continúa. Una vez que han dirimido sus diferencias ideológicas acerca de la sublevación en Portugal de los monárquicos frente a La República, ahora su rivalidad se orienta al terreno personal.

El Correo recela acerca del autor de los artículos críticos que sin firma aparecen publicados, preguntándose quien será el autor, si el propietario, su hijo o el director, de esta forma, y una vez más, El Correo sigue sin reconocer la representatividad del nombramiento del nuevo director.

El Heraldo resta importancia al hecho de que desde El Correo, Constancio Arias vitoree al pretendiente de la corona de Portugal, Miguel II de Braganza, ya que le parece mucho mas grave las injurias que desde las mismas páginas se dirigieron contra los magistrados del Tribunal Supremo que dictaminaron sobre el caso de las supuestas injurias. Al Heraldo no solo le parece razonable esta actitud sino que le alienta a que persista en esa dirección, enalteciendo a don Jaime de Borbón (heredero carlista), Bartolomé Feliú, jefe nacional del partido carlista, Luis Chaves, jefe provincial del partido carlista o los conocidos diputados carlistas, Rafael Díaz-Aguado y Salaberry o Manuel Polo y Peyrolón.

En otro artículo, publicado el mismo día, El Heraldo se dirige al Sr. Alcalde, recordándole el artículo 98 de la Ley Municipal, según el cual se impone a los concejales la obligación de asistir a todas las sesiones, si no existe causa justificada. A este respecto le recuerda que los hermanos Alonso, Laureano y Aurelio, concejales carlistas, faltan frecuentemente, incluso el segundo es prácticamente un desconocido en ese ayuntamiento. Además insiste en que como funcionarios públicos (igual que cualquier delineante, subraya), el abandono del cargo trae consigo responsabilidades que nadie les ha exigido. Finalmente insta al alcalde a que cumpla la ley castigue a los infractores.

De esta manera, El Heraldo da cumplida respuesta a la exigencia de responsabilidades que El Correo solicitaba contra Enrique Calamita, que ejerce de delineante en la Jefatura de Obras Públicas, y que según El Correo no cumple con su deber.


CONTESTANDO A ESE
II


Todas las baterías carlistas que en los días anteriores disparó el almidonado y flamante Cupido que dirige El Correo de Zamora, Constancio Arias, ayer quedaron reducidas a la primera noticia del censurado papel.
Como siempre, y después de reconocer su agresividad, a falta de razones se sale del tiesto el periódico carlista, y dice que el original del Heraldo le hace falta saber (a él) si es de Calamita padre, de Calamita hijo o del director del periódico.
Constancio, ¡no seas tontainas! Al Juzgado con el asunto, según costumbre, y allí satisfarás la curiosidad.
Respecto a ese viva subversivo que ayer sueltas, nos parece poco que des vivas a don Miguel; te atreviste a insultar, a injuriar gravemente a los dignísimos magistrados de la Sala segunda del Tribunal Supremo sin que hasta la fecha haya habido fiscal que te haya puesto a raya en tus demasías, así que nada nos extraña que te atrevas a todo, incluso al atropello de las leyes.
Por nosotros; puedes dar vivas a don Miguel, a don Jaime, a Feliú, a don Luis Chaves y hasta a la Pepa. Y si te parece poco a Salaberry y a Polo y Peyrolón que es lo menos que puedes hacer en gratitud a esos señores que te sirven de pararrayos.
Y eso que afirmas que en El Correo de Zamora siempre se da la cara.


Heraldo de Zamora, 20/10/1911

martes, 27 de diciembre de 2011

CONTESTANDO A ESE

Una vez que ha fracasado la sublevación de los realistas portugueses contra La República, El Correo de Zamora intensifica sus ataques contra El Heraldo de Zamora, que durante los últimos días se ha destacado como un firme defensor de la República Portuguesa, rechazando cualquier ayuda que desde España se pudiera prestar a los monárquicos portugueses descontentos. Y no ha dudado en criticar de forma inflexible la linea editorial de El Correo, simpatizante con los conspiradores realistas.

Francisco Alfonso, ya como director de El Heraldo, contesta desde las páginas del periódico un articulo publicado el día anterior en El Correo de Zamora. En dicho artículo El Correo acusa al propietario del Heraldo de no cumplir con su deber como funcionario del estado. Además arremete contra Francisco Alfonso menoscabando su representatividad como director al sugerir que es un testaferro de Enrique Calamita.
Francisco Alfonso se defiende señalando que ni siquiera cuando era pequeño prestó atención “...a don Jenaro saludando, ni a don Nicanor tocando el tambor.”, en alusión a unos conocidos juguetes de la época, don Nicanor tocando el tambor consistía en un muñeco con aspecto de payaso con un silbato en su parte trasera y un hilo en la parte posterior que al tirar de él bajaba los brazos del muñeco, haciendo que dichos brazos tocaran el tambor, de este modo utilizando el silbato y el tambor del juguete podían interpretarse conocidas melodías.

En su defensa se compara con Luis Chaves Arias, ilustrado cofundador de El Correo de Zamora, y una de las personas mas relevantes de la política y cultura zamorana de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Y no duda en lanzar sus dardos envenenados contra el concejal Laureano Alonso, propietario de un almacén de ultramarinos, reconocido carlista y durante algún tiempo administrador del periódico, que aspira a su reelección en las próximas elecciones municipales a celebrar el 12 de noviembre de 1911.

En cuanto a la acusación de testaferro, Francisco Alfonso acude para su defensa a vindicar su larga trayectoria en el periodismo zamorano, tan larga como es la del periódico que ahora dirige frente a la convulsa conducta de Constancio Arias, que abandonó el seminario y de quien no guardan buenos recuerdos en la redacción de El Porvenir de Valladolid.


CONTESTANDO A ESE

El Correo de Zamora de ayer nos dedica un articulo, "¡Basta de supercherías!", saturado de bobadas y mentecateces, a las que no podemos contestar porque sería descender al nivel del autor irresponsable de semejante escrito desarrapado, insulso, tonto y ridículo.

Ahora, solo por lo que se refiere a mi persona no quiero pasar desapercibida aquella terminación canallesca donde aludiéndome se dice que en El Correo siempre se da la cara. Sinceramente yo así lo creo, pero se necesita tupé para hacer esa afirmación tomando la cara de Constancio en serio. Ella no me sirve. Jamás cuando chico entretuve mis ocios, ni prestó mi espíritu atención a don Jenaro saludando, ni a don Nicanor tocando el tambor.

Hoy, hecho hombre, los peleles me inspiran lastima.

Soy persona de tanto peso como don Luis Chaves Arias, y de la misma lógica que el jefe provincial carlista; pero de más elocuencia que ciertos tenderos de ultramarinos concejales del partido, que, si serán íntegros y fieles a la causa, que en el asunto de los Consumos le dieron codillo a don Jaime y a la tradición, por aquello acaso -por esto sólo pudo ser- de que al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.

Verán ustedes como ahora los hombres de El Correo, porque éstos si son hombres, resultan para la publicación de la censura eclesiástica indiscutibles, inviolables e intangibles. El testaferro, claro está que es para las ocasiones, y responde SIEMPRE; -dice él- aunque nosotros suponemos que siempre que le llaman, pues otra cosa es una grosería impropia de persona que se precia de algo, aunque esto sea tan poco como ser carlista desde hace dos años y medio solo.
Yo, al fin y al cabo, soy conocido en Zamora y toda la provincia, contando una historia de integridad al periodismo tan larga como es la del HERALDO. En cuanto a ti, de Herodes a Pilatos has vagado sin que posible sea conocer tus antecedentes. Por vagar tanto dicen los que te conocen, que desde Valladolid, donde ahorcaste los libros de seminarista, has caído en Zamora para mayor gloria de la causa del bacalao y de los pimientos morrones, mercancía cubierta con el trapo del carlismo.

¿Te haces cargo; compañero insigne, que huyes el bulto y no aceptas los retos como el que te hice no ha mucho con motivo de otra provocación análoga?
Para terminar; porque tú no mereces ni la tinta que estoy gastando; he de decirte que informes míos pueden darte en Zamora todos los vecinos, en cuanto a ti, yo conozco los que en la redacción de El Porvenir, de Valladolid facilitan, y los que personalmente pueden ofrecer los señores Misol y Santander de aquella capital, con los que te portaste según costumbre. En Zamora don Francisco Morán López, puede informar.

Francisco Alfonso.
Heraldo de Zamora, 19/10/1911

viernes, 23 de diciembre de 2011

DOCTRINA CRISTIANA DEL ÓRGANO CON CENSURA

El alijo de armas incautado en Zamora y que estaba destinado a proveer a los monárquicos portugueses sublevados en Portugal contra la República, enfrenta nuevamente al Heraldo y al Correo.

En Portugal se han extremado las medidas de vigilancia en las fronteras, ya que los monárquicos se han refugiado en las ciudades limítrofes de España, reforzando los destacamentos próximos con infantería y caballería.

Heraldo de Zamora, 18/10/1911
El 18 de octubre El Heraldo reprocha a El Correo, su doble moral, al invocar éste último sentimientos humanitarios para prestar ayuda a los monárquicos portugueses. Le recuerda, como recientemente ponía el grito en el cielo para arremeter contra Francia por facilitar armas a los moros que asesinan a nuestros soldados en la Guerra del Rif.

Ahora le parece mal, le recrimina El Heraldo, que nuestras autoridades persigan a los conspiradores realistas y al contrabando de armas cuando todos sabemos que dichas armas las destinarán a matar soldados del ejército lusitano, de carne y hueso como los nuestros.

Heraldo de Zamora, 18/10/1911
El Heraldo se pregunta, qué personas serán las que dice El Correo, que afirman que el pueblo de Zamora caballeroso, honrado y hospitalario protesta contra dicha campaña.

Insiste nuevamente en que la hospitalidad que debemos ejercitar es la de pedir amparo y protección para ellos, a cambio de que no conspiren, ni realicen actos de contrabando para luchar contra la República, porque en cuyo caso solicitaran el mismo rigor que reclamaban contra los enemigos de España y los contrabandistas en África.

El simulacro de invasión perpetrado por Paiva Conceiro desde Galicia, fracasa desde el primer instante, en que se enfrentan a las tropas republicanas. Los sublevados huyen en todas las direcciones maltrechos e indisciplinados con
las primeras descargas de artillería y caballería.

Heraldo de Zamora, 18/10/1911
Mientras tanto, El Correo de Zamora, que ha participado del ruido amplificando con sus noticias y su defensa la posición contrarrevolucionaria, afina su puntería y dispara contra Enrique Calamita, propietario del Heraldo de Zamora.


PARALELOS


El director de El Correo de Zamora, que está furioso desde que fracasó a los portugueses el contrabando de armas, publica ayer una denuncia llena de insidia, odio y refinada perversidad, con el propósito único de perjudicar, no solo el buen nombre que como funcionario público tiene merecido el propietario de este periódico, sino además, aprovecha la dolencia que actualmente le aqueja a éste; para afirmar de manera rastrera y falsa que no cumple con su deber.
Leída esa noticia escueta, sencilla y categórica a la que no falta más que un nombre, para constituir denuncia precisa y terminante, nuestra memoria feliz ha traído a cuento una campaña de otro periódico zamorano; hablamos de La Voz Republicana: que consecutivamente, uno y otro día, llevó su encono a denunciar a nuestro amantísimo Prelado; diciendo que no cumplía; él, que es esclavo fiel de su ministerio y mártir de sus obligaciones, los estrictos deberes de visita a la Diócesis, por lo que tiene asignados emolumentos justísimos y merecidos en este caso, que merced a su celo cristiano está introducida la doctrina sana y católica en toda la diócesis.
El Correo de Zamora, ese periódico carlista con censura eclesiástica, que recriminaba acre y duramente la actitud del Moralejo, que denunciara a los contrabandistas portugueses, en tres días ha cambiado el valor de toda su moral.
Su Themis, es el director asalariado de la publicación, don Constando Arias , y en la balanza que muestra, tiene en un platillo El Correo de Zamora, que da parte de que un delineante de Obras Públicas no va a la oficina; en el otro, La Voz Republicana, que denunciaba que el señor Obispo no cumplía la visita pastoral. Y la aguja que marca el peso, en el fiel, señala el acto reprobable de Moralejo
¡Cuánto lo sentimos por El Correo de Zamora y por los amparadores de don Constancio! La Voz Republicana, al fin y al cabo, no tenía censura eclesiástica.
Y después de todo, resulta muy triste ver como la buena prensa busca el nivel de la mala, de la condenada, de la que todos anatematizamos, porque sus denuncias y sus campañas no son piadosas ni cristianas, ni las inspira tampoco un dulce deseo de paz y de armonía en la Viña del Señor donde todos somos hermanos.
Y para terminar, solo se nos ocurre, con la venia del denunciado, advertir al denunciador que puede seguir por el camino emprendido, aunque sospechamos no le queda mas que decir; y a los señores don Laureano y don Aurelio Alonso, dueños del periódico y amparadores de las miserias de don Constancio, que les vivimos eternamente reconocidos, aguardando ocasión oportuna, que no se hará mucho esperar, de corresponder a su noble y generoso proceder.

(Heraldo de Zamora, 19/10/1911)

jueves, 22 de diciembre de 2011

CONSPIRADORES Y CONTRABANDISTAS

El enfrentamiento entre El Heraldo de Zamora y El Correo de Zamora, continúa, sin que por el momento se anuncie ninguna tregua. Desde que en el mes de agosto, Carlos Calamita publicara el artículo “Epicureo y malandrín” para contestar a Constancio Arias sobre su silencio en el banquete que celebró la Asamblea de secretarios de ayuntamiento, o en el mes de septiembre cuando Francisco Alfonso con el artículo “Oye tu...”, protesta por la noticia publicada en El Correo en la que se anunciaba su nombramiento como director de El Heraldo, según su opinión, con el propósito deliberado de ofenderle, ambas cabeceras mantienen las espadas en alto dispuestas a entrar en batalla ante cualquier pretexto.

Heraldo de Zamora, 17/10/1911
En este caso, la excusa la proporciona el levantamiento de algunos monárquicos en Portugal contra la recién instaurada república. Según las noticias se ha reforzado la vigilancia de las fronteras para impedir el contrabando de armas y que los sublevados puedan aprovisionarse de armamento. Por otro lado, se cree que algunos de estos sublevados hayan traspasado la frontera y estén conspirando desde España.

Heraldo de Zamora, 17/10/1911
El 14 de octubre El Heraldo de Zamora se posiciona indicando que nuestra Libertad, la de España, debe acoger de manera franca y benevolente a los emigrados portugueses, pero en ningún caso, estos deben de conspirar desde España, si su deseo es conspirar, deberán hacerlo regresando a su patria, y las autoridades españolas deberán velar para que así sea.

En otra página del diario se afirma que el gobernador civil de la provincia, Jaime Aparicio, recibió una confidencia, según la cual en esta capital se ocultaban armas destinadas a los realistas portugueses y como consecuencia en la madrugada del día anterior y en la carretera de Alcañices se había interceptado un alijo.

El 16 de octubre El Correo publica un artículo titulado “Sobre el alijo de armas” en las que debe de calificar de exagerada sino falsa la noticia publicada días antes en El Heraldo. En el citado artículo del Heraldo se afirma que el alijo de armas estaba compuesto por 87 armas y pesaba entre armas y munición 5.000 kg. Según otras fuentes consultadas en la hemeroteca, parece ser que el alijo estaba constituido por ese número de armas, pero el peso, de armas y munición no excedía de los 876 kg.

Heraldo de Zamora, 17/10/1911
La delación se produjo por parte de Francisco Moralejo, quien atendió en su posada próxima a la estación de ferrocarril a unos caballeros portugueses que le manifestaron que las cajas que llevaban y que debían reexpedir contenían armas destinadas a los monárquicos portugueses.

El Heraldo acusa al Correo de conspirador y contrabandista, preguntando al gobernador si en alguna casa cercana al Mercado de Abastos (donde tiene la redacción El Correo) existen armas. Afirma que según persona bien informada, durante la estancia de los realistas portugueses cambiaron libras esterlinas por moneda española, indicando que quizás sea esta la única explicación a la humanitaria, simpática, honrada, legal y abnegada protección que algunos carlistas ofrecen a los emigrados portugueses. Insiste en que las autoridades están en la obligación de extremar la vigilancia contra los conspiradores, porque la República portuguesa esta constituida legalmente y reconocida por el estado Español, y dicha vigilancia no debe de circunscribirse solamente a los emigrados sino a los facciosos que entienden que es humanitario, honrado y hasta caballeroso prestar ayuda a los conspiradores y encubrir a los contrabandistas.

Por otro lado, encontramos como es práctica habitual en El Heraldo en estos conflictos varios “sueltos” dispersos a lo largo del ejemplar, aludiendo a la controversia.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

ENTRE CABALLEROS

Como contestación a la réplica publicada en El Correo de Zamora el 22 de septiembre, Francisco Alfonso, nuevo director del Heraldo de Zamora, publica una carta abierta dirigida a Constancio Arias, director de El Correo. En ella vuelve a insistir en los aspectos que particularmente le han molestado de la publicación de la noticia el pasado día 20 por parte de El Correo, en la que informaba a sus lectores del nombramiento.

Acusa al director de El Correo de ocultar el propósito deliberado de ofender, no sólo a Francisco Alfonso, sino también a otras personas, en clara alusión al propietario Enrique Calamita.
Revela que varias personas afines a la redacción de El Correo, le han expresado su apoyo por el ataque y le han animado a defenderse con valentía en los términos en los que ya lo ha hecho.
En la réplica, Constancio Arias manifiesta que no contestará a los ataques proferidos en el artículo firmado por Francisco Alfonso por una cuestión de caballerosidad, a lo que Francisco Alfonso responde con unos versos elegidos del Vals del Caballero de Gracia de la zarzuela “La Gran Vía”.

Constancio Arias debe mencionar en su replica la necesidad de alguna reparación por el tono adusto del artículo, sugiriendo la posibilidad de entablar acciones judiciales, finalmente se despide irónicamente agradeciéndole la publicidad de su nombramiento, y firmando con su diminutivo, Paco.



ENTRE CABALLEROS

CARTA ABIERTA

Para Constancio Arias.

Tan sólo por puntualizar extremos que no quiero pasar desapercibidos, de la contestación que ayer me das en tu periódico, a la vez que vuelves a insertar la noticia origen de este incidente, es por lo que hoy tomo la pluma. Verás: Exacto rigurosamente es que yo sea director del Heraldo y por ello, que se lo cuentes tú a tus lectores o que se lo dejes de contar, yo no tengo por qué darme por molestado si la noticia no encerrase la intención santa que supone el empleo de cursiva en la palabra oficialmente: Además, te metes a decir que si recojo información o no de la calle. ¿Y a ti que te importa esto, qué daños te he causado con que yo desempeñe mi cometido con la amplitud y en la forma que estime conveniente?. Luego, la noticia es completamente fiambre, producto de una gestación sietemesina y que creo que a tus lectores no les importará quién sea el director del HERALDO, ni tampoco a ti que nos citabas hasta anteayer sin nombrarnos, diciendo el otro periódico local.

La felicitación con que terminas es otro insulto dirigido a mi, porque el grado de nuestras relaciones, no alcanza a la cordialidad que pretendes demostrar. Esto está bien claro.
En una palabra, si te estimas caballero y no faltas al octavo mandamiento, tienes que reconocer que la noticia la hiciste con el propósito deliberado de ofenderme. ¿Y quien sabe si en tu intención non sancta pretendías causar molestias a otras personas?
A nosotros, al HERALDO, que tú entres, que salgas, que te muevas, que recojas información o que te dediques a formar un requeté con la juventud carlista, etc., etc., todo, fíjate bien, todo nos sale por un comino. Y tratándose de ti, puedes asegurar que jamás te perturbaremos la tranquilidad hasta tanto que con tus cosas, ¡que las tienes!, no vuelvas, embozadamente a ultrajarnos, porque en este caso, sin contemplaciones responderemos a tus ataques como ellos merecen.

Respecto a lo de las justas censuras de la opinión sensata, que dices ha motivado mi artículo de anteayer, voy a contestarte, que ese es un tópico, con el que no se consuela el que no quiere. Yo me alegro de que a ti te deje satisfecho.
Personas sensatas, yo supongo que tú no negarás que lo son muchas de las que visitan el Circulo Tradicionalista y la redacción de ese periódico. Pues bien, varias de estas se han acercado a mí reconociendo lo inoportuno de tu ataque y a la vez aplaudían que yo reobrase en justa reciprocidad frente a tus insidias. Da suerte, que ya ves, los dos tenemos el remedio de nuestros males.

En cuanto a que no me contestas porque eso sería descender a un terreno, al que no puede acudir un caballero...de tu alcurnia y tu linaje, yo lo celebro. No desciendas de tu pedestal. Ahí quietecito. Yo, caballero también, fiel observador de las leyes de la caballería, estoy dispuesto a repetirte aquello de:

Caballero de gracia me llaman, y efectivamente que es así...
(Música de La Gran Vía.)
.................................
.................................

Y para terminar, vamos a lo de la reparación. Efectivamente, pienso como tú; ambos a dos necesitamos que nos reparen. Por lo menos el sueldo, ya que otras cosas son irreparables, desgraciadamente.
Porque la amenaza de los Tribunales, yo sé de sobra que la haces por puro humorismo. Los únicos que salen perdiendo jugando tú y yo a eso de las querellas, son los escribanos y procuradores. Ya me entiendes.
Y con esto no canso más la atención de mis lectores. Termino expresándote la gratitud por el programa que me haces de director, aunque la noticia carece por completo de originalidad y de buena fe.
Si te parece oportuno, puedes seguir publicándola, y por ello te vivirá reconocido tu compañero,

Paco.

Heraldo de Zamora, 23/09/1911

martes, 20 de diciembre de 2011

OYE, TÚ...

El hallazgo de este artículo arrojó una nueva revelación sobre la figura de mi abuelo Francisco Alfonso. Como ya he comentado al iniciar este blog, poco sabíamos sobre él, más allá de que escribía crónicas taurinas en el Heraldo bajo el seudónimo de Un cojo sin muleta, cuanto menos que llegó a dirigirlo durante una etapa.
Bien podía decirse, que nos enteramos por la prensa...

La publicación de la noticia por parte de El Correo de Zamora, despierta en Francisco Alfonso una considerable indignación.
No se puede ignorar que el término oficialmente, aparece en cursiva, como si el autor quisiera poner en duda realmente el nombramiento, lo que en cierto modo parece lógico, a tenor de la tesis que sostengo, de que el nombramiento bien pudiera deberse a una estrategia defensiva por parte del propietario y, ahora ya ex-director Enrique Calamita.

También le produce un inusitado enojo que el artículo ponga en duda el nombramiento aludiendo que continúa recogiendo información como un reportero, como si dirigir un periódico le eximiera de su verdadero oficio que es el periodismo.

Por otro lado es interesante advertir como alude a la Ley de Policía de Imprenta, vigente desde 1883, y que según su criterio no permite o no da derecho a exigir responsabilidades a su director. Lo cierto es que dicha ley recoge en su artículo noveno que :

La representación de todo periódico ante las Autoridades y Tribunales corresponde al Director del mismo, y en su defecto, al propietario, sin perjuicio de la responsabilidad civil o criminal que puedan tener otras personas por delitos o faltas cometidos por medio del periódico.”

Según Carlos Soria en La Ley española de Policía de Imprenta de 1883, efectivamente el director es el representante del periódico ante las autoridades y tribunales, pero no el responsable civil o criminal por los delitos o faltas que otras personas cometan por medio del periódico.

He de señalar, para conocer el extraordinario enfado de Francisco Alfonso, que llegar hasta a sugerir una velada amenaza no verbal contra Constancio Arias :

pues dispuesto me hallo a responder a tus provocaciones solapadas y ruines con el tesón y la gallardía que ponen los hombres honrados en todos sus actos. Creo que me entenderás.”


OYE, TÚ...

Para Constancio Arias

Ayer en el periódico que dirige este seminarista renegado y desagradecido, se inserta la siguiente noticia:

"Hoy nos enteramos de que oficialmente es director del periódico local Heraldo de Zamora, desde finales de Diciembre último, don Francisco Alfonso, a quien creíamos solamente reporter del colega por haberle visto, incluso hoy mismo, recogiendo información por la calle y los centros oficiales.
Felicitémosle por el ascenso alcanzado.”

Muchas gracias por la felicitación. Y ahora, vamos a cuentas.
Yo, con toda mi alma lamento tu actitud, que si no corriges, va a colocarte los garbanzos a kilómetro y medio de distancia de los maxilares. (Vulgo quijada). Es lo que debo a tu deferencia, y ante todo, los compañeros tienen que guardarse reciprocidad.
En efecto; yo dirijo el HERALDO DE ZAMORA desde Diciembre, y mucho me satisfice que hasta la fecha no te hayas enterado, Constancio. Es buena prueba de que no lo hago mal.
Todo el publico se hace cargo de tu gestión al frente de El Correo, que a trallazos y con unas tijeras procuras encauzar. Primera diferencia.

No niego, por el contrario, afirmo con orgullo, que yo recojo información por la calle. De la calle, en efecto, esto es lo que recojo. Tú cualquiera diría, viéndote pasar con la vista al suelo, que buscas en el arroyo lo que los demás arrojamos. Segunda diferencia.

Tampoco es incompatible hacer información y dirigir un periódico. Uno de tus antecesores, don Maximino Barrios, al frente estuvo de El Correo, y las noches de sesión en el Ayuntamiento, dignamente ocupaba un puesto de reporter en la mesa de la Prensa. Y que conste que no puedes compararte con aquel hombre. Tercera diferencia, duple.

De la calle, recojo información, y no toda la que tomo es publicada. Verás. ¿Quieres que cuente el lance que te ocurrió no hace mucho tiempo con un correligionario tuyo, quien no te castigó muy merecidamente por cierto, gracias a la pronta intervención de tres ó cuatro personas que presenciaron el tupé que tienes? Contesta afirmativamente y da por seguro que sale al público la noticia con detalles, Quijote averiado.
Y con ese, olvidamos continuar marcando las diferencias que nos separan. Pero ya son bastantes.

Ahora, vamos a ver en lo que nos parecemos.
Aunque mi periódico tiene más público que al tuyo, los dos dirigimos cada cual su diario, y por ello cobramos nuestro sueldo.
Igualdades. Mas dentro de ellas, yo cobro más que tú, soy más inteligente que tú y de más capacidad.
Voy a demostrarlo.
Jamás se me hubiera a mí ocurrido para exigir responsabilidades por injurias que en un periódico se me dirigieran, querellarme contra nadie más que contra el director del mismo. Tú, Savigni de la Nava, has puesto de manifiesto que no conoces ni siquiera la Ley de Policía de Imprenta. Puedes colgar el título.

¿Será acaso que te baste con esa ley del embudo que aplicas en tus provocaciones diarias unas veces a nosotros y otras a quienes no pueden defenderse como son los obreros, el pueblo honrado que trabaja y que tiene un derecho indiscutible a la huelga, y al cual tú calificas con esa pluma pronta e inconsciente que tienes, de manera que parece que estás escribiendo la historia del Carlismo pletórica de asesinatos, de crímenes, de horrores abominables. Es para lo único que sirves...

¿Y católico? No se te ocurrirá hablar de catolicismo, pero si así es, te adelanto que puedes encomendar al censor un expurgo prudentísimo de lo que escribas contra mi; te aconsejo prudencia, pues dispuesto me hallo a responder a tus provocaciones solapadas y ruines con el tesón y la gallardía que ponen los hombres honrados en todos sus actos. Creo que me entenderás. No bajes los ojos; mira, si puedes, cara a cara, y fíjate en la expresión de mi rostro, por el que a la hora del trabajo corre el sudor que no permitirá de tu pluma mercenaria y de indocumentado el menor desliz.

Parece que oigo lo que dices: ¡ Al Juzgado! ¡Al Juzgado!
¿Quieres? Ya sabes el camino. Prepara la demanda de conciliación, y desde ahora yo renuncio a la avenencia; yo no transijo por nada contigo. Y mientras tú haces eso, yo, mostrándome parte, presentaré querella contra ti por el artículo que en el papel que diriges insertaste el día 18 de Abril, arremetiendo rabiosamente contra los jueces dignísimos que en el Supremo dictaron justa sentencia absolviendo al director que fue del Heraldo, don Enrique Calamita.
A ver, a ver los valientes, colega que parece denigrarse por recoger información de la calle y recoge otra cosa, vamos a ver si nos ponemos de acuerdo los dos directores.

Estoy a tus órdenes y esperando que de un momento a otro pidan a la justicia que me detenga y me incomunique, como no ha mucho pedías, causando la hilaridad de los que te escuchaban, contra una persona que para ti ya no existe en el Heraldo donde todos están dispuestos a responder frente a los llamamientos que les hagas en las formas que indiques.

Y en manera alguna se me ocurre pensar en tu cobardía. Eso, nunca. Eres un valiente. Así, pues, voy a terminar, Constancio: A los tribunales los dos, o a casa. Elije. Ese es el dilema.
Puedes leer este artículo a tu confesor, y preguntarle qué haces conmigo. ¿A que no te aconseja que me lleves a los tribunales?
En fin, a verlo vamos.
Queda esperando tu resolución,

El director de
HERALDO DE ZAMORA

(Heraldo de Zamora, 21/09/1911)

lunes, 19 de diciembre de 2011

EPICÚREO Y MALANDRÍN

Según publica el 20 de septiembre El Correo de Zamora, Francisco Alfonso es desde diciembre de 1910 el director de El Heraldo de Zamora.

No conocemos el motivo exacto por el que Heraldo de Zamora oculta a sus lectores este nombramiento.

Heraldo de Zamora, 05/08/1911
Según la hipótesis que mantenemos puede deberse a una estrategia por parte de Enrique Calamita para eludir una presunta demanda por injurias motivada por la publicación de un artículo firmado por su hijo Carlos, titulado “Epicúreo y Malandrín”.
Dicho artículo, publicado el 4 de agosto de 1911, es una respuesta a la reseña publicada por El Correo de Zamora el día anterior en relación a la Asamblea de Secretarios de Ayuntamiento.
El 2 de agosto de 1911, en la Sala Capitular del Ayuntamiento de Zamora se celebró la Asamblea anual reglamentaria de la Asociación provincial de secretarios municipales.
El presidente declaró abierta la Asamblea después de saludar y dar la bienvenida a los asistentes, así como a la prensa local, únicamente representada por El Heraldo de Zamora.
La asamblea trato diversos asuntos propios de la asociación: analizaron algunas destituciones de secretarios acontecidas durante este año, se aprobaron las cuentas, se nombraron nuevos vocales para la junta directiva, etc...
A continuación se celebró con entusiasmo y alegría un banquete en el Chalet de la Avenida de Requejo, servido por la cocina del afamado Café París.
A la hora de los brindis hicieron uso de la palabra diversos secretarios, el presidente de la Asociación y el Alcalde de la capital, teniendo todos ellos palabras de gratitud para la prensa. Hay que reseñar que en el banquete se encontraba presente Carlos Calamita, en representación de El Heraldo y Constancio Arias en representación de El Correo.
El alcalde de la capital, García Piorno, en nombre de Constancio Arias agradeció a los presentes las deferencias de la asociación para con el periódico.
Carlos Calamita, lo hizo en nombre de El Heraldo, brindando por el éxito de la asociación y ofreciendo el concurso del periódico a tal fin.

Dos días después, Carlos Calamita, publica su artículo “Epicúreo y Malandrín” que reproducimos a continuación y un día después El Heraldo publica los “sueltos” que también acompañamos.

Epicúreo y malandrín

Heraldo de Zamora, 05/08/1911
Al final de la reseña que ayer publica El Correo de Zamora de la Asamblea de secretarios de Ayuntamiento se nos dedican unas líneas con el pretexto de que al dar cuenta nosotros del banquete de los asambleístas, nos permitimos ciertas insinuaciones sobre el silencio en dicho acto del director del periódico carlista.

La afirmación no puede ser más gratuita. En el Heraldo de anteayer, yo mismo, representante del periódico en la Asamblea y en el banquete me limité a hacer constar:
Primero. Que el Heraldo fue el único periódico que estuvo representado en la Asamblea.
Segundo. Que en el banquete tuvo representación El Correo, en la persona de su director, y
Tercero. Que a la hora de los brindis...

...el alcalde liberal de la capital, señor García Piorno, se levantó, en nombre de don Constancio Arias (presente), director del diario carlista El Correo de Zamora, a brindar en nombre de éste que agradecía las deferencias de la asociación para con su periódico.
Nosotros pensamos en un principio encomendar a don Mariano Prieto, que imitando la conducta del otro periódico, se encargara en nuestro nombre de dar las gracias a los asambleístas y que brindase en representación del Heraldo de Zamora, pero como gracias a Dios servimos para lo bueno y lo malo -frase de cierto alcalde con referencia a él mismo- el representante del Heraldo de Zamora levantóse brindando por el desarrollo de la Asociación de la clase secretarial y ofreciendo a los reunidos el modesto concurso de nuestro periódico.”

Heraldo de Zamora, 05/08/1911
Aquí, señor Arias me parece que no hay insinuaciones. Se dice todo, tal y como pasó.

Ahora; reticencias, acechanzas e insinuaciones en las líneas justificativas del silencio del director de El Correo, que no necesita por cierto de justificaciones.
Vean ustedes :

El señor Arias no habló porque, dadas sus ideas y significación, creía deber referirse a ciertas manifestaciones del señor Piorno sobre el caciquismo y citar entre los servicios de éste la protección de delincuentes y esto hubiera podido parecer una alusión mortificante e inoportuna allí. Así se lo manifestó al señor García Piorno en presencia del concejal don Ramiro Horna.
Calló, pues, el señor Arias por un exceso de caballerosidad que seguramente no será agradecido, como no lo han sido otros, por alguien que debiera agradecerlos mucho.
Y nada mas.

Pienso igual que Arias. Aunque para decir las cosas no hay mas que saberse expresarse, es decir, no leer solo como el burro del gitano, sino pronunciar también. Y muy mal hizo el director del El Correo después de las manifestaciones del señor Piorno sobre el caciquismo no levantarse para anatematizar este, bien pertrechado de referencias a servicios de caciques sobre protección de delincuentes, suponemos que municipales. Si hubiera asistido a la Asamblea, al tanto de lo que en ella pasó, sabría que todos los asambleístas muy dignos y muy honrados, no hacen punto de honor por espíritu de clase de la defensa de un secretario pillo. Y en cuanto a los alcaldes, yo no pongo en duda que los puede haber delincuentes.

Heraldo de Zamora, 05/08/1911
Y claro está, con esa premisa por base, suponiendo que las palabras del director de El Correo iban a parecer una alusión mortificante e inoportuna allí; el señor Arias deduce un concepto de su caballerosidad, que no quiero discutir, él lo declara y conformes. Pero la mía y el concepto que tengo de lo cortés y de lo caballeroso es otro. Si habla, ¡qué hubiera dicho! cuando el mismo declara que hubiese mortificado, estando a la vez inoportuno. Pero, gracias a Dios, don Constancio empieza a conocerse y su epicureísmo que nos lo muestra tal cual es; todavía a las cuarenta y ocho horas de celebrado un banquete, al hacer la reseña, con desaprensión conserva agresividad. Indudablemente, Coronado el personaje de Galdós, está en lo cierto, que el honor es una enfermedad intestinal.

Heraldo de Zamora, 05/08/1911
Y finalmente; para que sirva al silencio de emulación al director de El Correo de Zamora, cuyos méritos y virtudes soy el primero en reconocer, propongo a la Junta provincial de la Asociación de secretarios, que haciendo justicia a las altas dotes de don Constancio Arias, le conceda en la primera Asamblea que aquella celebre un voto de gracias por la cordura que supo guardar en el banquete del miércoles, cuando bien pudo inoportunamente -según sus palabras- haber estado mortificante; es decir, que si habla, ¡nos da el postre!

Mi modestia, en tal acto, y mi sincero agradecimiento a las atenciones que fui objeto, de corazón, me llevaron a brindar sólo, cumpliendo deberes de cortesía, en nombre del Heraldo, por el desarrollo de la Asociación digna y respetable que allí nos había llevado.

Nueva particularidad que distingue a don Constancio Arias de los que trabajamos en el Heraldo de Zamora.

Y a sus órdenes.

Carlos Calamita
Heraldo de Zamora, 04/08/1911

viernes, 16 de diciembre de 2011

FRANCISCO ALFONSO, DIRECTOR DEL HERALDO DE ZAMORA

La publicación el 20 de septiembre de 1911, por parte de El Correo de Zamora de la noticia de que desde finales de diciembre de 1910, Francisco Alfonso es el director de El Heraldo de Zamora, desata nuevamente una controversia entre ambas cabeceras.

Los antecedentes de estas exacerbadas polémicas están en el origen y nacimiento de ambos periódicos. Una semana más tarde de que El correo viera la luz, El Heraldo de Zamora lo acusaba de publicar noticias calificadas como telegráficas cuando tan solo lo eran de correo postal, es decir, atrasadas.
Más recientemente una de las disputas mas agrias aconteció en marzo de 1910, cuando El Correo respondió duramente al Heraldo, por la publicación este último de una noticia sobre el fracaso de los mítines antilaicistas y en concreto el celebrado en Astorga. Enrique Calamita, director y propietario de El Heraldo y Constancio Arias, Director de El Correo, entablan un áspero debate que deriva en una disputa personal, en la que Enrique Calamita agrede a Constancio Arias, en un lugar próximo a la Plaza Mayor, y por el que es condenado a una multa. Además Constancio Arias interpone una demanda por injurias graves, de la que es absuelto Enrique Calamita, en primera instancia en la Audiencia Provincial, y en la superior en el Tribunal Supremo.
Esta sentencia que fue dictada el 4 de abril de 1911 pareció poner punto y final al enconado debate.

Una vez conocidos estos antecedentes históricos, es interesante conocer el contexto en el que la noticia de El Correo es publicada.
Si como afirma El Correo, y El Heraldo no lo niega, Francisco Alfonso ejerce de director desde diciembre de 1910, lo que cualquiera se pregunta, es el motivo por el que El Heraldo no solo no lo comunica a sus lectores, sino que lo oculta.
En primer lugar, esta afirmación no se sostiene si se analiza la hemeroteca. A lo largo de 1911 hemos sido testigos de diferentes episodios en los que en referencia a Enrique Calamita, siempre se hace en calidad de propietario o de director. Durante la vista del crimen de la calle Arena, en la que ambos, Enrique Calamita y Francisco Alfonso acuden en calidad de testigos, lo hacen el primero como director y el segundo como redactor. Aunque bien pudiera responderse, que esas eran la responsabilidades en el momento en que sucedieron los hechos enjuiciados, y no en el actual. Tampoco aparece mención alguna al cambio de director, cuando se relata el juicio en el Tribunal Supremo, durante el cual, siempre se menciona a Enrique Calamita, bien como propietario, bien como director. El propio diario titula a seis columnas el cuatro de abril “NUESTRO DIRECTOR ABSUELTO”, y su hijo Carlos Calamita un día mas tarde, envía una carta al Heraldo, dirigida a Juan Petit, en la que dice en referencia a la susodicha carta :”esperando que usted la acogerá en el periódico que a su cargo se halla”. No parece tener mucho sentido, que si Francisco Alfonso es el director desde diciembre, en ausencia del propietario, el periódico se halle a cargo de otro redactor, aunque este sea además el abogado que lo defendiera en la causa en la instancia provincial.
La lista de sucesos sería extensa y en este blog en los artículos correspondientes a 1911 queda mas que demostrado; a mi juicio, no es verdad que Francisco Alfonso fuera director de El Heraldo desde diciembre de 1910. Es posible, que “de facto” ejerciera la dirección, es decir, se ocupara responsablemente de sacar adelante el periódico cada día, en ausencia de Enrique Calamita, que desde el once de marzo de 1911, es nombrado delineante mayor del Cuerpo, con categoría de jefe de Negociado de segunda clase en la Jefatura de Obras Publicas de esta provincia. Y que de este nombramiento pudiera incurrir, desconozco la legislación existente en esos momentos, en algún tipo de incompatibilidad.
No es menos cierto que a partir de la publicación por parte de El Correo de la noticia, Francisco Alfonso ostentará la representación de El Heraldo como director hasta su cese el 17 de agosto de 1914. Y lo hará según su criterio, esto es compatibilizando la dirección del periódico con la tarea de hacer información.

Así que volviendo al origen del contexto, continuamos ignorando, a ciencia cierta cual es el motivo por el que es nombrado director Francisco Alfonso y no se hace público.

Mi hipótesis es que además de la presunta incompatibilidad con su nombramiento como funcionario, todo pueda deberse a un intento por parte de Enrique Calamita de eludir la responsabilidad civil en el caso de una denuncia por injurias. Es cierto que no llego a ver de qué manera pensaba eludir la responsabilidad, si finalmente, él era el propietario. Pero me inclino por esta posibilidad por varias razones.

La primera, es que en 1911 cada vez son más numerosos los litigios por vulneración del honor de tal modo que en diciembre de 1912 el Tribunal Supremo reconoce por vez primera, el derecho al honor señalando una indemnización, por los perjuicios causados, en el caso de la falsa noticia aparecida en el periódico "El Liberal" de Madrid, en la que se narraba que la menor María Josefa Mussó Garrigues, hija de una conocida familia, se había escapado de su casa con Fray Fulgencio Novelda , un fraile capuchino, con quien la menor había tenido descendencia unos meses antes. El padre de la ofendida que era el alcalde de Totana (Murcia) demandó al director y al editor solicitando 150.000 pesetas como indemnización por los daños causados al honor y la buena fama de su hija.

La jurisprudencia hasta entonces basada en una resolución de 1882 acordaba que “el honor no es valorable” y por tanto no es posible fijar cantidad alguna.
Este litigio supuso un precedente que para la mayoría de la prensa era una nueva traba política para mermar la libertad de prensa.
Es pues en este contexto jurídico en el que la jurisprudencia no pone valor al honor, y en el que menos aun ha de ser responsable el director o el editor si no es el autor del artículo en que el concurren estos hechos.
Enrique Calamita, que ya ha pasado por este trance, es posible que trate de eludir esta responsabilidad.

Y llegado este momento, lo que nos preguntamos, es de qué responsabilidad estamos hablando.

Como ya vimos en el juicio del presunto delito de injurias que contra Enrique Calamita promovió Constancio Arias, el origen fue un artículo titulado “Cobarde y mentiroso”, artículo del que se responsabilizó Enrique Calamita, pero que más tarde supimos que su verdadero autor, había sido su hijo Carlos.
Y de este modo nos podemos ir acercando a la verdad. Es indudable que para que El Correo conozca la noticia, (recordemos que hasta el momento, ocultada), de que Francisco Alfonso es el director de El Heraldo, alguien ha debido de filtrarla. Y la filtra precisamente en septiembre de 1911, diciendo que ocupa el cargo de director desde diciembre de 1910.
La explicación pudiera estar en un artículo publicado el 4 de agosto de 1911, firmado por Carlos Calamita, titulado “Epicúreo y Malandrín” contra el director de El Correo.
Constancio Arias que había visto fracasar su demanda contra Enrique Calamita por delito de injurias, y que además habría tenido conocimiento, pues salió publicado, que el verdadero autor del artículo “Cobarde y Mentiroso” había sido Carlos Calamita, estaría esperando la ocasión de tomar venganza. Si de este modo Constancio Arias pretende nuevamente acusar a Enrique Calamita como director de El Heraldo, de un delito de injurias por el articulo “Epicúreo y Malandrín” se encontraría con que el director ya no sería éste, sino Francisco Alfonso, que sería un excelente profesional pero que económicamente no presentaba ninguna solvencia.